TREMOR
Curaduría de José M. Santa Cruz G.
Del viernes 23 de noviembre al viernes 10 de diciembre de 2021.
Proyecto ganador de la Beca Red Galería Santa Fe 2021 – Programación Contínua.

Exposición individual de Sandra Rengifo

Tremor. Apuntes para un dispositivo expositivo tectónico

1. Flujo. ¿Es posible pensar y habitar el presente sin la promesa del flujo? Pareciese que toda posibilidad de certidumbre se ancla en la capacidad de mutabilidad que albergan las cosas, la materia, los significantes y los procesos para adherirse a los flujos de información capitalista, es decir, tener un correlato codificable en una red rizomática extensa de transferencias de información para perfeccionar los procesos de acumulación de riquezas.

Las cosas no son si no “existen” en el flujo y estas no serán sin que el flujo no esté en ella. El ahora es profundamente idealista en un sentido discursivo y práctico, porque ha construido una arquitectura para una realidad expandida del flujo de la información.

2. Tectónico. El flujo como condición para toda existencia en el ahora, se ha hecho evidente con la pandemia desde inicios del 2020, ¿qué ha sido la pandemia sino un flujo masivo de información vírica rizomática?

Lo tectónico —en su dimensión arquitectónica, en la facultad de lo constructivo—, ha sido toda la materialidad del planeta a disposición de la continuidad del flujo, incluida entonces las personas a travesadas por estos.

3. Estupefacción. Sobre el accionar de los flujos, en la apología y entusiasmo por la utopía presentista de la digitalización/virtualización expansiva, las contradicciones fundantes nunca han dejado de estar ni reproducirse. Las formas de explotación, subyugación, segregación y extinción se transforman en una suerte de “radiación de fondo de microondas” que es la tectónica de lo sensible.

La resistencia a la fascinación idealista del presente sin dejar de ser parte de este, deviene piedra, mineral, roca y placa tectónica, en el sentido literal de estupefacción. Ahí aparecen los rostros cubiertos que trabajan la tierra, esos cuerpos atados a la gravedad material de trabajar la tierra, cargan pesos sobre sus espaldas, se hunden en las profundidades de un pozo de agua para buscar oro, resistentes al sol abrazador, sus pieles-manos revientan en grietas, se vuelven telúricas.

Cuerpos, memorias individuales y subjetividades que siendo muerta en vida —corporalidades devenidas en lápidas—, son azotadas persistentemente por los flujos caóticos del presente, desplazadas y descentradas, en una forma contemporánea de exilio, donde estando donde siempre se ha estado, todo ha dejado de ser.

4. Resistencia. Sandra Rengifo nos propone un dispositivo estético de la tectónica de esa resistencia en el espacio expositivo, por ejemplo, en el flujo de sus diferentes imágenes audiovisuales, que nos trasladan por distintos parajes teniendo como articulador viejas líneas de tren, flujos de agua y caminatas errantes por ruinas. Y solo con las facultades del flujo contemporáneo de las imágenes se conectan Colombia, Grecia y Alemania.

Territorios diversos que construyen una suerte de collage para paisajes imposibles, pero que aparecen “naturales” en la medida que son un todo autosuficiente. Donde las masas de agua son un motivo privilegiado, también los perfiles de montañas, la vegetación agreste, ruinas industriales, la presencia evidente del viento que golpea esa gran cruz que marca un territorio, una que volveremos a ver en el trabajo pictórico que se presenta.

Si bien se reclama una herencia (principalmente en sus retratos), esta emerge como grieta, incluso fractura, la pesantez del trazo —pictórico y audiovisual— deviene figurativa, pero en una herencia desarticulada, dañada y en conflicto, ¿qué narrativa idealizada se puede construir que articule un mundo que discursivamente ha devenido invisible?

La resistencia de las figuraciones pictóricas y el recorrido audiovisual, tienen un correlato en las materialidades seleccionadas como soportes para la grafía pictórica, cada una de estas genera resistencias al quehacer propio de la artista, así el ejercicio de la representación deviene en una disputa material, para imprimir en ellas una imagen, una tarea autoimpuesta, como si solo así se pudiera transferir parte de la experiencia de la pesantez de los cuerpos que se representan.

5. Fantasmas. Si se me acepta el recorrido interpretativo que he llevado a cabo, el título propuesto para la exposición toma otra dimensión, el movimiento provocado por el accionar de las y los condenados de la tierra que fractura la materialidad misma, transforma a la resistencia en una potencialidad, ¿cuál es la diferencia de esos retratos frente a cualquier rostro cubierto en una revuelta o protesta social? Despertares los hemos ido llamando en estos últimos meses en el continente. El terror fantasmático que esa pesantez/resistencia devenga en una respuesta proporcional a la violencia estructural de la cotidianidad, a la dictadura del flujo del capital.

Fantasmas que están aquí, presencias en potencia que te rodean en el espacio expositivo.

José M. Santa Cruz G.

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