1ª Bienal de Bogotá, 2025 | Leonel Vásquez

Cuna de humedales, obra del artista sonoro Leonel Vásquez, se inspira en las aguas de la Sabana de Bogotá, un territorio anfibio que alguna vez fue un ecosistema líquido y vibrante, habitado por peces, cangrejos y múltiples formas de vida. Esta arquitectura busca recuperar la memoria ancestral de esos humedales y de las formas de habitar el territorio en relación con la naturaleza que fueron transformadas y ocultadas con el desarrollo de la Sabana. Concebida como una cuna para las aguas, la obra evoca los arrullos del agua como una fuerza vital que nos conecta con nuestro origen acuático y con la memoria profunda de un estado de plenitud ligado a lo líquido, lo sonoro y lo compartido. Presentada en el marco de la primera Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá (BOG25), la obra dialoga con el eje curatorial Bogotá, ensayos sobre la felicidad, que invitó a reflexionar sobre nuevas formas de relación entre la ciudad, sus habitantes y los ecosistemas que la sostienen.

La propuesta entiende la restauración ecológica como un proceso inseparable de la restauración sensible y simbólica. No se trata únicamente de recuperar la tierra, sino también el agua y sus voces. A través de una restauración subacuática, sónica y poética, la obra invita a escuchar nuevamente a los seres que habitan o habitaron estos ecosistemas, activando vínculos afectivos con el territorio. Esta escucha alimenta una inteligencia sistémica que no es solo técnica o racional, sino también empática, amorosa y vibrátil, capaz de reconocer que el cuidado de otras formas de vida es también una forma de cuidarnos a nosotros mismos. Escuchar de nuevo los arrullos del agua nos devuelve una memoria olvidada: la certeza de que también somos agua y de que nuestra existencia depende de relaciones de reciprocidad con el mundo vivo.

En diálogo con las cosmovisiones indígenas andinas, donde el agua cría la vida y a la vez se deja criar por quienes la habitan, la obra propone el canto y la escucha como prácticas de reciprocidad y sanación. La arquitectura se configura como una membrana resonante y protectora, un lugar de encuentro con el humedal entendido como un gran sistema vivo. Allí, las voces de las mujeres y los arrullos del agua se entrelazan para construir una nueva casa para la vida. Más que un refugio, esta estructura canta: en su resonancia se proyecta la posibilidad de una convivencia más sensible, cuidadosa y poética entre los seres humanos, las aguas y los demás habitantes del territorio.