Álvaro Villalobos

Álvaro Villalobos Herrera (Bogotá, Colombia) vive y trabaja en México desde 1996. Su práctica artística y de investigación se vincula con problemáticas sociales, políticas y con la cultura popular de la región, desarrollando proyectos que toman forma en fotografías, videos, instalaciones y performances presentados regularmente en distintos países.

Cuenta con diversas investigaciones publicadas en libros y revistas especializadas. Es cofundador y miembro del Laboratorio de Proyectos Arte Norte 124 (Metepec, México), un espacio dedicado a residencias de investigación y producción artística, labor por la que ha recibido becas y reconocimientos en diversas ocasiones.

Se desempeña como profesor de posgrado en la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMEX). Asimismo, integra diversos comités científicos internacionales para publicaciones especializadas en arte.

Desde hace más de quince años es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNII), nivel II, de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) de México.


La facción

1993
Registros fotográficos de performance

© Casa Hoffmann 2026

La facción

En la popular calle del Cartucho, en el centro histórico de Bogotá, un jueves a las seis de la tarde se dieron cita varios habitantes de calle y artistas, entre ellos Álvaro Villalobos Herrera. El motivo era realizar una acción colectiva de denuncia pública.

La acción tuvo lugar allí porque días antes habían aparecido dos habitantes de calle asesinados en un lote baldío del sector. Sus cuerpos fueron encontrados durante la madrugada sobre un montón de basura. Aunque los medios de comunicación oficiales apenas registraron el hecho, la noticia circuló por otras vías y convocó principalmente a jóvenes estudiantes de universidades públicas.

Los testimonios de los habitantes del sector señalaban como posibles responsables a asesinos anónimos, presuntamente respaldados por intereses vinculados a comerciantes, actores políticos locales y miembros de fuerzas armadas, bajo el discurso de una mal llamada “limpieza social”. En aquella época, el Cartucho era conocido como un lugar de encuentro de personas consumidoras de marihuana, bazuco y alcohol, sustancias que podían conseguirse en el mismo sector.

A través de un megáfono, artistas y habitantes de calle lanzaron consignas contra el crimen, recitaron poemas relacionados con la violencia y leyeron manifiestos en rechazo a la inseguridad y la impunidad. De manera colectiva, instalaron en los muros pinturas, dibujos y otras obras preparadas previamente para la ocasión.

Al finalizar la jornada, todas las piezas exhibidas fueron quemadas. El gesto final transformó la acción en un acto efímero de memoria y protesta, subrayando tanto la fragilidad de la vida como la urgencia de visibilizar las violencias que permanecían ocultas o naturalizadas en el espacio urbano.

Con la ayuda de los habitantes de calle, Villalobos pegó con engrudo varios carteles impresos en tinta negra y roja sobre papel kraft, elaborados mediante serigrafía. En ellos aparecía la frase: “En el mercado de la indolencia, la muerte está demasiado barata”.