Constanza Camelo
Constanza Camelo es una artista de performance y académica, radicada desde hace dos décadas en Canadá. Sus acciones performáticas realizadas en la década de 1990 en el centro de Bogotá, conocidas como Jornadas de limpieza, dirigían la atención hacia la mal llamada “limpieza social”.
Esta práctica fue ejecutada por distintos grupos armados, especialmente paramilitares, en diversos territorios colombianos, donde se perseguía y asesinaba a personas pertenecientes a grupos sociales considerados marginales, entre ellos personas gays, lesbianas, trans, habitantes de calle, trabajadoras sexuales y personas usuarias de drogas. En muchos de estos casos, el estigma asociado al VIH fue utilizado como justificación para la ocurrencia de estas violencias.
A través de estas acciones, Camelo visibilizó formas de exclusión y violencia sistemática que afectaron a poblaciones históricamente vulnerabilizadas, utilizando el performance como una herramienta crítica de memoria, denuncia y reflexión social.
Jornadas de limpieza
En 1994 se realizó una serie de acciones performáticas en espacios públicos situados sobre la carrera 13, entre las calles 26 y 19, en Bogotá. Estas acciones se denominaron Jornadas de limpieza y fueron desarrolladas después del asesinato de menores que vivían bajo los puentes de la calle 26. Días más tarde, comenzaron a desaparecer las y los trabajadores sexuales que ocupaban el sector vecino.
Estos crímenes fueron atribuidos a los primeros grupos paramilitares que comenzaron a operar en centros urbanos de Colombia. Dichos grupos, autodenominados Escuadrones de la Muerte, afirmaban contribuir con la “limpieza social” de la ciudad mediante homicidios selectivos que calificaban como “masacres educativas”. De esta manera, se buscaba eliminar a toda persona marginalizada, excluida o considerada un producto desechable de la sociedad, cuya presencia fuera visible en el espacio público. Posteriormente, esta modalidad criminal sería definida en Colombia como ejecución extrajudicial de personas estigmatizadas.
Estas acciones fueron elaboradas junto con un grupo de personas que consideraron importante implicarse simbólicamente en ellas. El colectivo estaba integrado por trabajadoras y trabajadores sexuales, artistas, defensores de derechos humanos y religiosas.
Durante varios días, las personas participantes repitieron gestos cuidadosos y minuciosos de limpieza. Limpiaron sus propios cuerpos y lavaron los lugares ocupados o habitados por quienes habían sido asesinados o desaparecidos, transformando estos actos cotidianos en ejercicios de memoria, duelo y resistencia frente a la violencia.
