Fernando Pertuz
Fernando Pertuz, artista de la generación de los noventa, articula su práctica entre el espacio público, plataformas digitales y contextos participativos y comunitarios. Su cuerpo no es solo soporte, sino también territorio de inscripción social: cuerpo intervenido, cuerpo expuesto, cuerpo archivo.
Una constante en su obra es la participación, la coautoría y la activación de los presentes, generando comunidades temporales. Su interés primordial es reflexionar sobre aquello que afecta al cuerpo individual y social en su contexto, lo que orienta su análisis de la violencia en Colombia y en el mundo.
Su trabajo plantea una crítica frontal a los Estados, los medios y las estructuras de poder, buscando tensiones entre civilización, violencia y normalización social.
Su investigación conecta arte-acción, activismo y participación comunitaria, entendiendo el cuerpo como territorio de conflicto. Su principal preocupación es la vida, desde donde propone micro-utopías.
En este marco, introduce el archivo como acción performativa, con el fin de revisar el pasado, analizar el presente y vislumbrar el futuro, desplazando el performance de su condición efímera hacia formas de persistencia en el tiempo. La violencia deja de ser abstracta para volverse nominal, acumulativa y visible: no la representa, la evidencia y la socializa.
La muerte ronda por todas partes
Un recorrido por diversas ciudades y países en el que se distribuyen volantes que invitan a enviar nombres de personas cercanas víctimas de la violencia para su publicación en listadepersonas.org. El proyecto reúne nombres, relatos, imágenes y denuncias, y difunde leyes y recursos de apoyo a la población civil, articulando redes de visibilización y ayuda humanitaria.
La figura de la muerte, presente en el espacio público, señala problemáticas como la desaparición forzada, el secuestro y la intimidación, permitiendo trazar un mapa sensible de la violencia y evidenciar sus múltiples formas en distintos contextos.
La acción performática activa encuentros en la calle, interrumpe la cotidianidad y genera un puente directo con lo virtual. A través de la participación, promueve memoria, diálogo y colaboración, integrando obra, individuo y sociedad en un proceso abierto que desdibuja los límites entre lo real y lo virtual.


