José M. Santa Cruz G.

 

Tremor. Apuntes para un dispositivo expositivo tectónico

1. Flujo. ¿Es posible pensar y habitar el presente sin la promesa del flujo? Pareciese que toda posibilidad de certidumbre se ancla en la capacidad de mutabilidad que albergan las cosas, la materia, los significantes y los procesos para adherirse a los flujos de información capitalista, es decir, tener un correlato codificable en una red rizomática extensa de transferencias donde transitan datos, códigos y números para perfeccionar los procesos de acumulación de riquezas. 

El presente, desde la primera revolución digital hacia inicios de la década del 1980, ha estado indeterminablemente marcado por la expansión exponencial de la capacidad que han tenido las cosas para transformarse en flujo. Las cosas no son si no existen en el flujo. Y el flujo no tiene necesariamente una traducción mimética en la materialidad, aunque necesite de esa misma materialidad para existir (salas enormes refrigeradas con enormes sistemas de computación de datos).

La brecha descrita es donde se aloja el idealismo contemporáneo digital del presente e, incluso, aunque pareciese contradictorio, la condición material del idealismo que se articula en torno a la promesa de digitalización de la existencia. El ahora es profundamente idealista en un sentido discursivo y práctico, porque ha construido una arquitectura para una realidad expandida de la información.

Y aquí un segundo momento del flujo, las cosas no solo no son sino están en el flujo, sino que no serán sin que el flujo no esté en ella, que tiene su expresión más cotidiana en la idea de la “Internet de las cosas”, asociada a las tecnologías 5G y, aún más, con la ya anunciada 6G.

2. Tectónico. El flujo como condición para toda existencia en el ahora, se ha hecho evidente con la pandemia desde inicios del 2020, ¿qué ha sido la pandemia, sino un flujo masivo de información vírica rizomática? 

En la aparente detención de la circulación globalizada de las cosas y mercancías, se mostró la relación interdependiente entre los procesos de acumulación capitalista y la capacidad de fluir, solo aquellos que pudieron mantener el flujo fueron capaces de ampliar sus riquezas, incluso en lo más inmediato, como un comercio local de comida a domicilio o para llevar.

Lo tectónico —en su dimensión arquitectónica, en la facultad de lo constructivo—, ha sido toda la materialidad del planeta a disposición de la continuidad del flujo, incluyendo entonces las personas. Todas aquellas que continúan sobreviviendo a la enfermedad, han podido seguir siendo, en la medida en que están conectadas a una o más hebras de esta red rizomática y mientras más canales crucen la corporalidad individual, de mejor manera se sobrellevará el devenir pandémico.

3. Estupefacción. Sobre el accionar de los flujos, en la apología y entusiasmo por la utopía presentista de la digitalización/virtualización expansiva —para darle mucha actualidad, la propuesta de metaverso de Facebook—, las contradicciones fundantes nunca han dejado de estar ni reproducirse, porque no se puede escapar a las formas contemporáneas de la modernidad capitalista. Las formas de explotación, subyugación, segregación y extinción se transforman en una suerte de “radiación de fondo de microondas”, que es la tectónica de lo sensible y detrás de ella la ceguera absoluta, son esas luces que, aunque las esperemos nunca llegarán a nosotras(os), porque incesantemente se crea espacio entre las mismas y la mirada.

Entonces, la resistencia a la fascinación idealista del presente, sin dejar de ser parte de este, deviene piedra, mineral, roca y placa tectónica, en el sentido literal de estupefacción. 

Ahí, aparecen los rostros cubiertos que trabajan la tierra en las pinturas de Sandra Rengifo —esas y esos predigitales y casi preindustriales que lo único que les pertenece es su fuerza de trabajo, aun cuando puedan descansar viendo sus teléfonos celulares—, esos cuerpos atados a la gravedad material de trabajar la tierra, cargan pesos sobre sus espaldas, se hunden en las profundidades de un pozo de agua para buscar oro —minerales cósmicos según creemos hoy en día—, resistentes al sol abrazador, sus pieles-manos revientan en grietas, se vuelven telúricas.

Cuerpos, memorias individuales y subjetividades que siendo muertas en vida—corporalidades devenidas en lápidas—, son azotadas persistentemente por los flujos caóticos del presente. Estas no conectan propiamente tal, sino que son avasalladas por el torrente, como lo sería cualquier roca en el fondo de un río revuelto y, con ello, desplazadas y descentradas en una forma contemporánea de exilio, donde estando donde siempre se ha estado, todo ha dejado de ser en el accionar mecánico de su quehacer, en el fondo desechables, invisibles e intercambiables.

“Teatro de su triste exilio, áspero antaño, y desolado y gélido, igual que esta barranca; pero inundado ahora de hermosas flores y hiervas” escribía Percy B. Shelley el siglo XIX.

4. Resistencia. Sandra Rengifo nos propone un dispositivo estético de la tectónica de esa resistencia en el espacio expositivo, por ejemplo, en el flujo de la instalación videográfica en dos canales, que nos traslada audiovisualmente por distintos parajes teniendo como articulador viejas líneas de tren, quizás el motivo propio del romanticismo del siglo XIX, pienso en William Turner por su puesto, flujos de agua, Caspar D. Friedrich suena lógico, pero también, Frederic E. Church. Caminatas errantes por ruinas en que se vislumbran perfiles de visitantes, y aquí se podrían nombrar muchos, pero quedémonos con el amante de las ruinas: Thomas Cole.

Y solo con las facultades del flujo contemporáneo de las imágenes se conectan Colombia, Grecia y Alemania, porque hay que sumar el otro video mono canal en que aparecen ruinas y rincones de Berlín, junto al relato angustioso en un hospital que nos habla en tiempo presente para el aquí y el ahora: experiencia irrepetible sin la pandemia como contexto, además de un videoclip que se nos abre en tormenta para introducirnos dentro de una fábrica en ruinas.

Territorios diversos que construyen una suerte de collage para paisajes imposibles como los de Cole, o en su defecto, paisajes diferentes que construyen un solo territorio, pero que aparecen “naturales” en la medida que son un todo autosuficiente, en que las masas de agua son un motivo privilegiado en la composición y con ella las corrientes, el quehacer en el mar, el río, también los perfiles de montañas, la vegetación agreste, la presencia evidente del viento que golpea esa gran cruz que marca un territorio, una que volveremos a ver en el trabajo pictórico que se presenta.

El quehacer errático de la cámara aumenta la incertidumbre de este recorrido, haciendo evidente la manualidad de la misma y, con ello, es una imagen que no se esconde detrás de la posibilidad técnica de simular su ausencia en el espacio que visita, ahí aparece coherente los rastros desvencijados de una otrora tecnología industrial, no se monumentalizan las ruinas de lo reciente —motivo que ya fascinaba leyendo a Hal Foster a varios surrealistas—.

Se falla si se consideran estas operaciones en un registro estético costumbrista, incluso dentro de cierto neonaturalismo. Si bien se reclama una herencia (principalmente en sus retratos), esta emerge como grieta, incluso fractura, la pesadez de la mancha —pictórico y audiovisual—, deviene figurativa, pero en una herencia desarticulada, dañada y en conflicto, ¿qué narrativa idealizada se puede construir que articule un mundo que discursivamente ha devenido invisible? En el mejor de los casos, se podría plantear que son huellas de una memoria negada.

Junto a ello, la centralidad de todo el despliegue de la tectónica expositiva está en el motivo de la tormenta, aparece abriendo el videoclip de Fliehende Stürme, pero más importante aún, se convierte en la video instalación de dos canales, en una tempestad que deforma figurativamente el perfil del paisaje, como en los cuadros más representativos del romanticismo del siglo XIX, de nuevo, Turner o Friedrich, pareciese que no hay escapatoria.

La resistencia de las figuraciones pictóricas y el recorrido audiovisual, tienen un correlato en las materialidades seleccionadas como soportes para la grafía pictórica, cada una de estas genera resistencias al quehacer propio de la artista, así, el ejercicio de la representación deviene en una disputa material, para imprimir en ellas una imagen, una tarea autoimpuesta, como si solo así se pudiera transferir parte de la experiencia de la pesantez de los cuerpos que se representan, de ese mundo material que los rodea, en ello también los artilugios mecánicos para la presentación de ciertas obras, toscos, pesados, relacionados inevitablemente al mundo del trabajo.

5. Fantasmas. Si se me acepta el recorrido interpretativo que he llevado a cabo, el título propuesto para la exposición toma otra dimensión Tremor, que está conectado a lo telúrico, a la tectónica de placas, al inicio de lo que tiembla, incluso de esos cuerpos explotados que se desploman por agotamiento extremo, ese tremor irrumpe inquietante como potencialidad de fractura del horizonte de lo pensable que transforma las condiciones estructurales de lo sensible.

El movimiento provocado por el accionar de las y los condenados de la tierra que fractura la materialidad misma, transforma a la resistencia en una potencialidad, ¿cuál es la diferencia de esos retratos frente a cualquier rostro cubierto en una revuelta o protesta social? Despertares, los hemos ido llamando en estos últimos meses en el continente. 

El terror fantasmático que esa pesantez/resistencia devenga en una respuesta proporcional a la violencia estructural de la cotidianidad, a la dictadura del flujo del capital.

Fantasmas que están aquí, presencias en potencia que te rodean en el espacio expositivo.

José M. Santa Cruz G.


Sandra Rengifo

Artista plástica de la Academia Superior de Artes de Bogotá y magíster en Artes Visuales de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente se desempeña como docente en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, así como directora de arte para proyectos de danza, video y largometraje. Asimismo, ha realizado proyectos museográficos, curatoriales y videoclips para numerosos artistas y entidades nacionales e internacionales.
Su trabajo como artista audiovisual, fotógrafa y pintora reflexiona sobre el espíritu existencialista y establece diversas conexiones con la filosofía. Sus proyectos han sido expuestos en varios espacios como el Museo de Arte Moderno de Bogotá | MAMBO, el Museo de Arte Moderno de Medellín | MAMM, el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá | MAC, el Museo La Tertulia en Cali, la Cinemateca Distrital de Bogotá, el Museo de Arte Miguel Urrutia | MAMU en Bogotá, el Festival de Cine L’ alternativa de Barcelona, el Instituto Fílmico de Dinamarca, y el Festival de cine Panorama Colombia-Berlín durante la Bienal de Artes Mediales en Alemania, entre otros.
Rengifo ha sido ganadora del Premio Nuevos Nombres – Jóvenes Talentos de la Alianza Francesa (2010), del premio Artecámara otorgado por la Feria Internacional de Arte de Bogotá | ARTBO (2015), y del premio de Creación Artista de Trayectoria Intermedia por partedel Ministerio de Cultura de Colombia (2017), entre otros.

José M. Santa Cruz G.

Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, cuenta con un posdoctorado realizado en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. Es investigador sobre cine, arte y visualidad contemporánea y ha sido invitado a dictar conferencias en España, Rusia, Argentina y Colombia, entre otros.
Es autor de los libros titulados Imagen-Simulacro:
estudios de cine contemporáneo (1)
(Santiago de Chile: Editorial Metales Pesados, 2010), Imagen-
sintética: estudios de cine contemporáneo (2)
(Santiago de Chile: Ediciones Metales Pesados, 2013), y La inquietud del rostro: Narrativas del aparecer del rostro cinematográfico (Madrid: Plaza y Valdés Editores, 2015).
Adicionalmente ha coeditado los títulos El cine que fue: 100 años de cine chileno (Santiago de Chile: Editorial ARCIS, 2011) y Audiovisual y política en Chile (Santiago de Chile: Editorial ARCIS e Instituto de Estética-PUC, 2014). Sus artículos han sido publicados por diversas
revistas académicas, especializadas y de divulgación en América Latina y Europa. Actualmente se desempeña como investigador, escritor y gestor de proyectos en cine, teatro y curaduría.


Curaduría: José M. Santa Cruz G.
Exhibición individual de Sandra Rengifo
Inauguración: Viernes 12 de noviembre de 2021
Clausura: Viernes 10 de diciembre de 2021
Lugar: Casa Hoffmann | www.casa-hoffmann.com
Dirección: Cra. 2A #70 – 25, Bogotá, Colombia