María Evelia Marmolejo

«Desde finales de los setentas he tenido una gran preocupación por los asuntos de violencia, injusticias sociales, represión política, por los problemas ecológicos y por el rol de la mujer relacionados con sus funciones y el significado simbólico del cuerpo femenino. El ser artista mujer me ha permitido interactuar y crear un diálogo entre mi cuerpo femenino, con los problemas sociopolíticos, ecológicos y psicológicos.

Mi cuerpo en el performance y la instalación ha sido mi herramienta de comunicación, de reflexión, de vehículo contestatario y liberador, donde el cuerpo representativo convoca a la audiencia a sacudirse de las nuevas conductas impuestas que nos conducen como seres inertes y temerosos a obedecer modelos establecidos por esos centros de poder.

Habiendo vivido y crecido en una Colombia convulsionada y una Latinoamérica reprimida, mi cuerpo ha sido el vehículo para proyectar lo que siento y me atañe. Una de las constantes que he mantenido dentro de la idea de arte es hacer visible lo invisible, al resaltar eventos importantes feministas, sociopolíticos o ecológicos que no salen a la luz pública y que son minimizados en su momento.»


Sesquilé

Como artista, soy creadora de mi propia obra. Mi cuerpo, como elemento artístico, puede prolongarse a través de la vida. El nacimiento de mi hijo, Sesquilé, es esa extensión de mi ser. A través de este acto, hago una exaltación a la culminación del embarazo y al acto de parir, propio del cuerpo femenino.

Ante un grupo de invitados, María Evelia Marmolejo realiza su proceso de parto: desde los dolores de las contracciones uterinas y la dilatación, hasta el descenso y el encuentro cara a cara con el recién nacido. Se incluyen los niveles psicológicos y físicos: gemidos, gritos, respiración, sudoración, lágrimas, llanto y el corte del cordón umbilical, así como la expulsión de la placenta.

Finalmente, sostiene entre sus brazos un nuevo ser lleno de vida: una nueva obra de arte llamada Sesquilé.


Sesquilé

1985
Impresión de fotografía en blanco y negro Fotografía: Sara Rosemberg

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