Raúl Naranjo

“Hago performance porque creo que el cuerpo ha sido olvidado o reemplazado por su representación. El cuerpo debe resistirse a quedar relegado a una instancia tecnológica y, al dirigir el sentido —es decir, la práctica artística que construye sentido— hacia el cuerpo, este cobra relevancia y puede retomarse como el lugar donde ese sentido acontece. El cuerpo es un lugar por el que se transita, un lugar donde escribir; el cuerpo es signo.”
Cortesía de Helena Producciones.


Ofertorio

Un traje de hierro funciona como mesa, bandeja y dispositivo para entregar naranjas a quienes transitan por el espacio.

Las máquinas, desde su creación, han surgido de la necesidad de agilizar las tareas humanas, vinculadas de manera ambigua al creciente deseo de dominio. Han desempeñado un papel fundamental en la transformación del individuo y de la sociedad, potenciando las capacidades del cuerpo. Sin embargo, en ese afán por conquistar el mundo natural, el ser humano también ha avanzado hacia su propia cosificación. Es allí donde el artista asume una posición crítica, orientada a reflexionar sobre el mejoramiento del individuo y su relación con el entorno.

En el contexto de guerra que ha marcado a Colombia, el sujeto habita tensiones permanentes con los otros, consigo mismo, con la ciudad y con los recursos necesarios para subsistir. El artista, como partícipe de esta realidad social, se ve convocado a responder desde su práctica.

Ofertorio propone una provocación en relación con el medio social. La obra presenta la tensión de un sujeto entendido simultáneamente como máquina de comer y máquina para ser comida o consumida. A través del gesto de ofrecer la propia cabeza, el artista pone en escena la relación entre el deseo de alimentarse y el deseo de convertirse en alimento, transformando este intercambio en un acto simbólico y ritual, cercano a lo sagrado.


Ofertorio

2002
Fotografía de acción performática. Impresión digital

Cortesía de Helena Producciones.