Ramiro Camelo

Mimesis

Artistas: William Aparicio, Karen Aune, Milena Arango, Nicolás Cárdenas, Jorge De Los Ríos, Oriana Marín, Lucia Moure, Andrés Moreno, Natali Tubenchlak, Silvana Unigarro, Javier Vanegas y Diô Viana.

Inauguración: jueves 24 de septiembre, 7:00 pm.
Abierta al público del jueves 24 de septiembre al sábado 17 de octubre de 2015.
Horario de visita: de martes a sábadode 3:00 pm a 7:00 pm.
Con el patrocinio de: Grolsch.

 

NOTAS DE CURADURIA
Por Ramiro Camelo 

“…la descripción nunca es la realidad descrita: es obvio también que la explicación nunca es la cosa explicada. Es decir, la palabra nunca es la cosa…”   

  1. Krishnamurti. El vuelo del águila

Esta exhibición nace con la intención de revisar la noción estética de mimesis, la que generalmente es entendida como la generación de otredad mediante ilusiones, imitaciones y apariencias en las artes. En la tradición de las ideas estéticas occidentales las nociones de mimesis e imitación han sido pilares fundamentales para establecer la naturaleza del acto creativo. La categoría mimética ha sido estudiada desde tiempos de Platón y Aristóteles hasta el siglo XX con Jacques Derrida, Walter Benjamin, Theodor Adorno y Michael Taussig entre otros. Por ejemplo Michael Taussig -en Mimesis  y alteridad,  1993-describe la facultad mimética como esa práctica cultural que permite configurar identidades y relaciones, la define como “la naturaleza que la cultura usa para crear una segunda naturaleza, la facultad de copia, imitación, la capacidad para armar modelos, explorar diferencias, caer en y llegar a ser Otro”. En este sentido, es que para Taussig la categoría de mimesis permea la base de la indagación de Walter Benjamin sobre las relaciones entre arte, aura y reproducción, – que también son algunas de las nociones detrás de las búsquedas de los artistas incluidos en la exhibición. En este orden de ideas, Mimesis pretende crear un momento expansivo donde las imágenes se revelan de una manera como creaciones auto evidentes y de otra como ilusiones manifiestas que quieren ser parte de la abigarrada marea de imágenes de nuestro aquí y ahora.

 

Vivimos en un mundo en el cual nuestra percepción de lo real esta mediada cada día más por la nuevas tecnologías de producción, edición y diseminación de imágenes.  La proliferación de memes, selfies y las apropiaciones de los artistas del Post-internet-art, son síntomas  de unas renovadas estrategias miméticas que definen nuestra contemporaneidad. Aun así, de manera paradójica, se hace manifiesto que en medio de tanta simulación nuestra captación de lo real tiende a ir en aumento. Si al parecer hemos dejado a un lado la estética anti-mimética de la distancia e ironía, es porque la hemos reemplazado por una estética mimética de afirmación e inmersión. De ahí que solo siendo altamente inquisitivos podremos distinguir las diferencias entre ese mundo de ilusiones altamente digitalizado y la esencia que yace en las cosas mismas.

 

Muchos de las obras de la exhibición gravitan en sobre tres hilos conductores, la experimentación con la representación del mundo natural y sus manifestaciones; las múltiples concepciones culturales y antropológicas del cuerpo humano y la reinterpretación y experimentación de los procesos creativos mismos. Así, los paisajes de los cerros orientales de Bogotá manipulados por William Aparicio son la metáfora perfecta que justifica el surgimiento de un  flâneur de google maps o un topógrafo de unos y ceros, de bits y megabits. Esos paisajes a la vez simulados y también reales son la prueba más convincente que una nueva visualidad tecnológica está mediando nuestro entendimiento de lugar y tiempo.  Las fotografías de un metro cuadrado de tierra de Nicolás Cárdenas, evocan la rigurosidad mimética de los cartógrafos imperiales mencionados por Borges en “Del Rigor de la Ciencia” quienes levantaron un mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.  Con sus fotografías se pone juego las diferencias fundamentales entre tamaño y escala y las ambigüedades entre mapa y territorio. La operación mimética de Diô Viana se hace manifiesta al pretender una síntesis entre pintura y grabado. Sus interpretaciones mistificadoras entre el manglar amazónico y la piel del jaguar son más que creaciones visuales de un artista etnógrafo, manifiestan también su compromiso por reimaginar esa geografía selvática casi onírica que es tan apacible como intimidante.  La selva tropical es también el sujeto de las creaciones de Karen Aune. Ella recompone fotos de la vegetación selvática hasta lograr  seductores paisajes virtuales que pretenden ser el síntoma y huella de las ambiguas influencias de la tecnología sobre el medio ambiente. Al observar esa especie de idílico No man’s land es posible justificar la intención de Karen -de refundar cierta artificialidad de lo natural- con la tesis principal de Michael Pollan en “La botánica del deseo”, que señala que nosotros los humanos somos en efecto el objeto de otras especies designios y deseos.

 

La problemática trasposición no mimética entre la ruina y su huella indiciaria traspasada a un lienzo es el interés ultimo de Milena Arango. Su lienzo es la recreación indiciar de un fragmento de muralla del malecón de La Habana. En su obsesivo proceso pictórico el color y sus texturas se tornan en huellas que citan al original, pero no son su doble, en una curiosa tautología la pintura con respecto a su original deviene en causa y efecto. Javier Vanegas continua con la indagación de lo indiciario y su relación con el proceso fotográfico.  Partiendo de la teoría de Charles Peirce de la fotografía como indicio, – de tipo fragmentario que registra información y desecha otra-, Vanegas reincide sobre el fragmento y detalle de los indicios de partes del cuerpo humano. Así hace evidente una vez más que la fotografía es también una ilusión ya que se ve afectada por el objeto que documenta. Un complejo fenómeno físico conocido como Entrelazamiento cuántico, también llamado “El efecto de Dios”, sirve a Silvana Unigarro para realizar una metáfora visual que explora la interconexión cósmica de todos los seres vivos. Usando fotografía intervenida con dibujo ella crea exuberantes micros universos que semejan vistas ampliadas de organismos microscópicos. En esa asombrosa solución de mimética continuidad la imagen de lo positivo y negativo, son tanto opuestos como complementarios. Lucía Moure usa de manera excepcional la aleatoriedad y propiedades físicas de sus materiales mundanos, cristales de azúcar y encaje para convertirlos en delicados y exquisitos objetos escultóricos. El proceso de crecimiento al que Lucía somete los cristales de azúcar es tan seductor que es difícil de diferenciar donde termina el método científico y donde comienza el arte de la alquimia misma de los componentes.

 

En la serie Puntos cardinales Andrés Moreno pretende crear una reflexión en la que los paradigmas de la arquitectura contemporánea son asimilados por la lógica orgánica del mundo natural. Su reflexión visual sobre lo construido retoma elementos de la arquitectura orgánica y los traspasa en la búsqueda hacia la concepción de una arquitectura integral. Una que oscila  entre mutaciones y mimesis espaciales de líneas y planos. Las diversas posibilidades entre la forma construida y la forma original ocupan la búsqueda de Jorge de los Ríos. Su reflexión sobre lo abstracto produce una escultura en torno a la formulación de una ecuación espacial, el encuentro entre lo etéreo y lo solido. En este caso cuando las estructuras pierden su balance uno se puede preguntar si se impone lo uno o lo otro o ninguno. Los entes mutantes hombre-pez-hombre en los grabados de de Natali Tubenchlak, pueden ser a simple vista catalogados como los eslabones perdidos del “Manual de zoología fantástica”  de Borges, pero  examinados mas rigurosamente uno puede fantasear que son efectivamente mutantes miméticos quienes pueden alcanzar un alto nivel de materialización en la carne debido a las oscuras y complejas connotaciones  que Natali les ha proporcionado.  En esa misma misma esfera de la mimesis de las especies se pueden ubicar los bizarros “niños planta” magistralmente documentados por Oriana Marín.  La increíble historia de los infantes  de la población Nazemnikiv en Ucrania, es además de su particular carácter estético un valioso ejercicio de ficción narrativa imaginada por un artista. Marín demuestra su excepcional vocación para potenciar lo visual a partir de una estrategia narrativa.

 

Las obras incluidas en Mimesis tienden a resistirse a la comparación con su referente y su meta es alcanzar un estado original equivalente al de la naturaleza. Los artistas en esta exhibición pretenden extender la noción de mimesis. Se puede afirmar que esperan con sus propuestas situarse en un terreno intermedio desde donde puedan madurar una síntesis que una lo universal y reconocible con su particular interpretación de lo real, o lo aparentemente real.

mimesis-08
mimesis-02
mimesis-01
mimesis-09
mimesis-06
mimesis-04
mimesis-07
mimesis-11
mimesis-03
mimesis-12
mimesis-14
mimesis-13
mimesis-05
mimesis-27
mimesis-15
mimesis-20
mimesis-10
mimesis-24
mimesis-23
mimesis-25
mimesis-26
mimesis-18
mimesis-22
mimesis-19
mimesis-17