Lujuria

Por TERREMOTO | TERREMOTO | 23 mar. 2019

La muestra Lujuria curada por Carolina Ponce de León propone un imaginario desde el mundo de hoy, inspirada en el panel central ‘Lujuria’ del tríptico El Jardín de las Delicias (c. 1490), del pintor holandés Hieronymus Bosch.

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La muestra Lujuria curada por Carolina Ponce de León propone un imaginario desde el mundo de hoy, inspirada en el panel central ‘Lujuria’ del tríptico El Jardín de las Delicias (c. 1490), del pintor holandés Hieronymus Bosch.

Artistas: Fernando Arias, Karen Paulina Biswell, Camo & Hellvira, Juan Cárdenas & Jerónimo Atehortúa, Leidy Chávez, Sebastián Escalante, Stephen Ferry, Carlos Gómez Salamanca, Lina Hincapié, Catalina Jaramillo, Karaoke de Jesús, Paulo Licona, Luz Ángela Lizarazo, Nadège Mazars, Juan Mejía, Lucas Ospina, Fernando Pareja, Viviana Peretti, Diego Piñeros García, Mariana Portela Echeverri, Sandra Rengifo, Sofía Reyes Guevara y María Isabel Rueda

Vivimos una época compleja, de expectativas que suben y bajan como un yoyo. La esperanza versus el agobio, la imaginación versus la destrucción, el conocimiento versus la barbarie.

La naturaleza se ultraja, se consume, se acaba. Mueren los osos polares. Mueren las abejas. El cambio climático nos sumerge en escenarios apocalípticos. Migraciones masivas de humanos huyen de infiernos por todo el globo para llegar a otros infiernos. Ascienden las luces de políticas progresistas y se expanden las oscuridades fascistas. Se consolidan movimientos en defensa de los derechos de grupos humanos pisoteados por la historia (raciales, étnicos, migrantes, LGBTQI, etc.) mientras se exacerban los fundamentalismos que buscan aniquilarlos. Es un fandango extremo de fuerzas contrarias y contradictorias.

Todo ello me lleva a pensar en El jardín de las delicias (c. 1490), del pintor holandés Hieronymus Bosch, conocido como El Bosco, una de las pinturas más fascinantes de la historia del arte. Compuesta por un tríptico de contenido simbólico, enuncia el comienzo y fin de la humanidad en tres paneles: el cielo, la lujuria y el infierno, cada uno precisado por su relación con el pecado.

Hoy juego con las tres líneas de trabajo que me planteó Casa Hoffmann —arte conceptual, arte político y contracultura— para proponer Lujuria, una exposición inspirada en el panel central del Jardín de las Delicias que imagina sus expresiones desde el mundo de hoy.

Pero ¿cómo definimos aquí la lujuria? Vamos por una definición amplia, la del exceso.

Lujuria
nombre femenino

  1. Deseo y actividad sexual exacerbados.
    “el hombre se dedicaba a la caza por puro tedio y también a perseguir a las criadas para desfogar una lujuria que le estaba vedada en su lecho conyugal”
    sinónimos: lascivia, libidinosidad
  2. Exceso o abundancia de cosas que estimulan o excitan los sentidos.
    “decía que la civilización era la ciudad y la ciudad es la riqueza, la abundancia, la vida superflua, lujo y lujuria”

Entonces, lujuria —aquí— es también eso excesivo por ambición, codicia, poder. Es el desenfreno garoso que acaba con el Edén. Es la invención del sexo como pecado, mas no el pecado mismo. Es la implantación de lo prohibido como mecanismo de control. Miren bien el panel central: qué bonitos se ven todos follando en el jardín como animalitos inocentes. Ahí no está el mal. Miren más bien la libidinosidad del dinero, la de las armas, las ideologías, las ficciones de Dios.

Lujuria es la religión y el exterminio de los pueblos y culturas indígenas. Es la religión y el abuso sexual de niños. Es la religión y su machismo que redime y perdona asesinos y violadores, pero quema mujeres dizque por brujas. Es la paloma de la paz a las puertas del infierno. Es la profanación del más débil, de la inocencia, de la ternura. Es el nacionalismo, el colonialismo, el capitalismo. El consumo obsceno. La pornografía del poder, los apetitos narco, la sevicia paraca y las violencias, todas. Es la aberración de nuestra cultura gore que se nos pega tristemente a la piel, convirtiéndonos poco a poco en los monstruos del fin del mundo.

A esos imaginarios del exceso nos enfrenta esta exposición.

Y también hay jardines: flores carnívoras, cielos atormentados, paisajes post apocalípticos, áridos y desérticos.

La lujuria del fin.