Adriana Salazar
Adriana Salazar (Bogotá, 1980) es maestra en Filosofía de la Universidad Javeriana, donde estudió tras graduarse del programa de Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Actualmente, Adriana es profesora en el área de Plástica en Medios del programa de Artes Plásticas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Su trabajo como artista parte de un cuestionamiento sobre los gestos humanos, en particular la relación entre sujeto y objeto, así como los límites entre naturaleza y artificio. Adriana comenzó explorando los elementos básicos de la mecánica—movimiento, velocidad y tiempo—con el propósito de comprender la naturaleza de la transformación de las cosas. A partir del análisis de la simplicidad de las máquinas, desarrolla una serie de trabajos que establecen vínculos entre la máquina y el cuerpo humano. En este proceso, reconoce que ciertos movimientos y gestos mecánicos se replican en la humanidad, como llorar, reír o fumar.
De manera similar, Salazar estudia la naturaleza para comprender los movimientos generados por elementos como el viento o el sonido. Construye objetos que reproducen las acciones naturales del hombre, proponiendo así que el ser humano es construido como una máquina a partir de patrones culturales. Sus esculturas plantean un horizonte en el que los límites entre lo vivo y lo inerte se desdibujan.
Sus obras se han expuesto en México, Estados Unidos y Cuba. En Colombia, ha participado en diversos Salones Nacionales de Artistas, en ARTBO, en el Jardín Botánico José Celestino Mutis, en la Alianza Francesa y otros escenarios.

Sombrilla rota
Objeto encontrado, hierro, bronce y motor
Dimensiones: Dimensiones variables; 2010
© Casa Hoffmann 2025
Esta obra es parte de la serie Ejercicios de desaparición, que cuestiona la idea de que la corporalidad humana es necesaria para entender el mundo. En lugar de enfocarse en el cuerpo humano, los objetos utilizados en cada ejercicio cobran vida propia. Estos objetos muestran cómo pueden moverse, transformarse o vaciarse, sugiriendo que no siempre se necesita un cuerpo humano para darles sentido o existencia.
En vez de mostrar un cuerpo físico ocupando o activando los objetos, la obra resalta la ausencia del cuerpo, sugiriendo que estos objetos pueden existir y tener su propia autonomía, incluso en un mundo donde los humanos no están presentes. Así, la relación con el arte y la tecnología aquí es clave, ya que la tecnología es la que permite que los objetos se animen y adquieran vida, desafiando nuestras ideas sobre la centralidad del cuerpo humano en la creación de significado.
